En un momento en el que muchas marcas de moda operan únicamente
a través de terceros, la marca colombiana
Memento decidió dar un paso poco común dentro del sector:
montar su propia fábrica en Bogotá a comienzos de 2025.

La decisión respondió a una idea simple, pero difícil de ejecutar:
tener mayor control sobre la calidad, los procesos y el desarrollo
de cada prenda. En lugar de depender por completo de
talleres externos, la marca apostó por fortalecer su
producción local y construir una operación más cercana al producto
final.
Durante 2025, esta apuesta permitió a Memento consolidar su base de
fabricación y seguir afinando detalles en materiales, confección y
acabados. Ahora, en 2026, la empresa se encuentra en una nueva
etapa, marcada por el lanzamiento de nuevos productos y por la
expansión de su propuesta dentro del mercado colombiano.
Aunque en el país existen muchas marcas de ropa, no son tantas las
que realmente fabrican una parte importante de sus propios
productos. Ese enfoque le ha permitido a Memento
desarrollar una identidad más clara alrededor de la
calidad, el diseño funcional y la producción hecha en
Colombia.
Con esta evolución, la marca busca seguir creciendo desde Bogotá,
combinando desarrollo de producto, manufactura local y una visión
de largo plazo para el sector textil nacional. Más información
sobre la marca y sus novedades puede consultarse en su tienda
oficial.
En Colombia, la manufactura textil sigue enfrentando retos
importantes, desde la competencia de productos importados a bajo
costo hasta el aumento en costos de operación, insumos y mano de
obra. Aun así, mantener y fortalecer la producción local sigue
siendo clave para generar empleo, conservar conocimiento técnico y
darle más solidez a las marcas nacionales. En medio de ese
panorama, apostar por fabricar en el país no solo implica un
esfuerzo empresarial mayor, sino también una decisión que puede
aportar al desarrollo de una industria con tradición, capacidad y
espacio para seguir evolucionando en calidad, diseño e
innovación.
Juan Andrés Pieschacon



